Misa o el equinoccio de la memoria
Ciento nueve años después de su inauguración, la Capilla Ana María celebró su misa en el día del pueblo, coincidiendo con el comienzo del otoño. Grupos de toda la región se dieron cita en la única iglesia gótica de la ruta 9
Escribe: Iván Wielikoseilek
ESPECIAL PARA ELDIARIO
Como un observatorio de piedra donde la luz entra una sola vez al año por cierta rendija, las puertas de la Capilla Ana María abrieron sus puertas. Solo que este modesto equinoccio de la pampa gringa hizo chirriar sus bisagras cuatro días después. Y los astrónomos y entusiastas del templo debieron esperar hasta el 21 de marzo.
Allí, recibiendo a la comitiva, estaba Rose Ward Cárcano, bisnieta del exgobernador de Córdoba (1913-1916 y 1925-1928). Uno a uno iban llegando los huéspedes como hace 109 años ya, y ella les daba una cálida bienvenida de modo personal.
“Mi bisabuelo hizo construir esta capilla en honor a su esposa Ana Zumarán, fallecida en 1910. Por eso, siempre digo que es el monumento del amor de un hombre por una mujer; algo así como el Taj Mahal de la llanura cordobesa”, cuenta la propia Rose a un grupo de mujeres que la escuchan fascinadas.
El acento de la hija de Stella “Baby” Cárcano y del cuarto conde de Dudley es el español de Málaga, pero con un fondo casi imperceptible de inglés londinense. Y casi como en una conferencia de prensa improvisada, muchos le preguntan por su familia. Primero, por su hermana melliza Anne.
“Está en Abu Dabi… Figúrate que ha ido de vacaciones y se ha quedado varada por la guerra… ¡Hay que ver a dónde ha elegido irse en estos tiempos!”.
Luego, por su madre o por la memoria de Stella, que ya son una misma cosa.
“Mamá falleció en 2017 con 102 años; o sea que cuando ella tenía 2 años se inauguró esta capilla, que ella presidió casi hasta el último día…”.
Y, efectivamente, durante más de medio siglo había sido la propia Stella quien recibiera a los invitados en idéntica ceremonia e idéntico equinoccio; haciéndolo por última vez en 2015, cuando se consagró centenaria como su gemela de piedra.
En poco tiempo, el verde predio se ha convertido en el jardín de Hamppstead, y su capilla, en una iglesia de Harry Potter. Y lo que era un puñado de personas, ha devenido en pequeña multitud que la roseta mira desde arriba con su ojo de cíclope.
Hago un breve recuento del medio centenar de personas: Rosse Mary y sus ayudantes de la estancia de Cárcano; la intendenta de Ballesteros, Graciela Sánchez; una comitiva de la Biblioteca Ramón J. Cárcano de Bell Ville llegada especialmente; un grupo de productores rurales (distingo a don Abel Marinelli y su esposa), maestras rurales y de la ciudad (reconozco a Carina Calvo y a otras de vista), mujeres de la iglesia de la zona (Silvia Zubich, Élida Gualdoni) y un hombre que llega y abraza a Rose: “¡Pero que ha llegado mi esposo desde el aeropuerto!”, dice.
Con el arribo del padre Alejandro Bossi, de la parroquia de Ballesteros, comienza la misa. Y el equinoccio humano se baña momentáneamente de luz divina, porque el sacerdote les ha leído un fragmento del Evangelio de Juan; el pasaje preciso de la resurrección de Lázaro. Y Bossi recuerda entonces que se acerca la Pascua y que “ese es el gran misterio de nuestra fe, ya que todos fuimos invitados no solo a un banquete, sino a otra vida después de esta”.
Luego de la homilía de los días que no tendrán fin y tras sacramento de la eucaristía, la misa termina y la última canción retumba en los altos techos abovedados, haciendo nido en el crucero de cemento. Los fieles salen a la llanura de nuevo y el ojo de la capilla (esa roseta caleidoscópica de vitrales que filtran la luz y el olvido) sabe que deberá guardar en su azul de metileno aquella visión, porque los invitados ya no volverán en un año.
Las puertas del templo se cierran hasta el próximo equinoccio de otoño (Rose tiene la llave) y la bisagra de las puertas crujen por última vez. El alma del templo guarda ese ruido preciso también. Y jamás se le ocurrirá confundirlo con el viento contra los postigos o con un pájaro fugaz que se ha volado del campanario.
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