Muchas generaciones pasaron desde los goles de Batistuta a México, en la final de la Copa América de 1993, hasta la pincelada de Di María en el Maracaná. Jugadores y entrenadores vistieron los colores del seleccionado nacional sin lograr la tan ansiada vuelta olímpica. Del mismo modo, jóvenes y niños nacidos después del 93, y hasta algunos años antes, no tuvieron la vivencia de festejar un título con la selección de fútbol. Para algunos esto no significa nada, mientas que para otros el fútbol es lo más importante, entre las cosas menos importantes de la vida.

El pasado 15 de junio nadie se quiso perder la final entre Argentina y Brasil por la Copa América. Algo se respiraba en el ambiente que nos hacía creer, ahora se nos tiene que dar. después de tanta sequía y luego de cuatro finales perdidas, esta tiene que ser. Atravesados por la pandemia, cada uno se prendió frente al televisor con sus familiares más cercanos. El partido comenzó, los nervios y la ansiedad se apoderaron de más de uno. Los grupos de whatsapp se activaron con mensajes de aliento. Y entre mensaje y mensaje, un handy sonó en la cintura de Nicolás Pereyra. El Nico, Bombero Voluntario radicado en Morrison, junto a sus compañeros debía dejar en banda a Messi y compañía, ponerse su uniforme y salir a prestar servicio.

Una dotación de bomberos salió rumbo a la Ruta Nacional Nº 9, en plena noche, para sacar el maíz que se había desparramado sobre el asfalto, en una extensión que rondaba los 3 kilómetros. Cuando suena la sirena o el Handy suena, quedan de lado partidos de fútbol, sin importar si es la final de la Copa América o la primera fecha del torneo local. Cambian las prioridades, tal como sucedió en las fiestas de fin de año de 2019, bomberos de Ballesteros cambiaron el brindis familiar por la búsqueda de una persona en la zona rural.

La vocación de servicio de nuestros Bomberos Voluntarios prioriza su labor por sobre sus intereses personales. La solidaridad como motor antepone al otro, muchas veces desconocido, por encima de sus propias vidas personales. Acá no hay Messi´s que se destaquen sobre sus compañeros, hay un equipo que tira parejo para el mismo lado. Ellos salen a la cancha a dejarlo todo, no buscan los aplausos o las medalla, simplemente vencer a su oponente, que en ocasiones se presenta hostil y temerario. Ante el fuego, accidentes, perdidas de personas ellos dicen presente y no descansan hasta solucionar el conflicto.

Semanas atrás conversamos con el ex campeón mundial de boxeo, Gustavo Ballas, quien sentenciaba: “los campeones no se hacen, sólo se los pule un poco”. Si es como dice Ballas, hoy atravesados por la pandemia, nos damos con que contamos con muchos campeones, los cuales se están puliendo día a día, ante la adversidad.

Mientras los muchachos de Scaloni levantaban la Copa América en el Maracaná, el ballesterense Nicolás Pereyra regresaba a su casa en Morrison, con la alegría de haber cumplido con su deber y de yapa poder ver campeón al seleccionado nacional. A lo largo y a lo ancho del país hay cientos de personas como Nicolás que trabajan de forma silenciosa poniendo al otro como prioridad. A todos ellos, y principalmente a nuestros campeones de Ballesteros vaya nuestro reconocimiento. Nuestros campeones sin coronas, que se ponen la 10 y la batallan día a día, dejando todo de lado por su vocación de servicio.

Juan Pablo Mangini

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